viernes, 21 de marzo de 2014

La extinción del joven revolucionario

"Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica", frase muy célebre y conocida sobre todo por los jóvenes que incursionan en la política, tomada del discurso de Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara en diciembre del año de 1972; es muchas veces usada como estandarte de los muchacho para justificar su permanencia o militancia a un partido político, sobre todo si este concuerda con la ideología de izquierda.

  Salvador Allende (1908-1973)

Pero, ¿Realmente esta frase sigue vigente? ¿El joven de hoy sigue siendo revolucionario?, ¿Le interesa realmente encabezar las luchas sociales? o sólo busca incursionar en la política para convertirse en el reflejo de lo que los arriba, llámense dirigentes o representantes populares, son.

Si bien es cierto que a lo largo de la historia los jóvenes han encabezado distintos movimientos y luchas en busca de sus derechos; tales como el mayo francés, el movimiento del ´68 en México o la Revolución Pingüica en Chile, por citar algunos; los hechos recientes en el país han sido poco alentadores.

Movimiento del ´68 (rueda de prensa)

A nivel nacional tal vez solo el #InternetNecesario (2009), que nace en twitter y se oponía a gravar el servicio de internet como bien de lujo y que pedía la declaración de acceso al mismo como derecho universal; fue muy efímero pero exitoso ya que logró que se quitara el impuesto que proponía la reforma de Felipe Calderón a este servicio.

El movimiento #YoSoy132, que nace en medio del proceso electoral federal del 2012 para la renovación de Presidente de la república, y que buscaba, principalmente, la no imposición de un candidato por parte de los medios de comunicación así como la democratización de los mismos, también terminó sucumbido; aunque éste no logró de manera tan exitosa sus objetivos, de hecho algunos de sus principales dirigentes acabaron en un programa de televisión producido por la principal televisora a la que acusaban,  lo que terminó por demeritar dicho movimiento.



Estos movimientos, si bien consiguieron la atención nacional y fueron encabezados principalmente por jóvenes, es verdad que ninguno fue promovido en su inicio por el joven político, sino que más bien éste se sumaba a la dinámica misma de la lucha, pero nunca logrando destacar dentro del movimiento.

Tal parece que al joven militante de hoy, “el Revolucionario”, sólo le interesa parecerse más a los políticos de alto rango, quiere aparecer en la luminaria, vestirse elegante, usar corbata, pararse en el estrado, tomarse la foto, mimetiza los ademanes y perfeccionar su oratoria. Poco a poco se ha ido olvidando de lo realmente importante, del ideal revolucionario, de la ideología política y partidaria, de la ilusión de cambiar al mundo con la que tal vez inició en la política, hoy sólo aspira a ser candidato y conseguir un puesto de elección popular.

Tal vez esto derivado de la necesidad de ser tomado en cuenta para conseguir lograr sus aspiraciones políticas, parece que hoy el joven no cambia la política sino que la política cambia al joven y es muy triste decirlo y más difícil asumirlo, el joven revolucionario, por lo menos en política, está agonizando, ese joven pro-activo que no le da miedo ir en contra del sistema, de los prejuicios y de la misma sociedad, es una rara especie en peligro de extinción.


   

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