jueves, 3 de octubre de 2013

No sólo se trata de no olvidar…



En días como estos, a principios del mes de octubre, es común que a muchos estudiantes, jóvenes y  militantes de izquierda nos dé por conmemorar aquel acontecimiento que marcó muchas vidas, el movimiento estudiantil, en el que se manchó de sangre el año de 1968, aquel 2 de octubre que hoy, como cada año, dicen no se olvida.

Si bien es cierto, que no se han olvidado todos aquellos atentados contra la integridad y la dignidad humana, promovidos por el entonces gobierno represor y autoritario encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, parece que poco a poco se ha ido perdiendo el sentido de lo que esos impetuosos jóvenes defendían y abanderaban.

Mucho se critica la violencia ejercida por el gobierno mexicano, y en ocasiones, con los diversos “actos conmemorativos” caen en este hecho mediante el vandalismo sintiéndose con el derecho de atentar la propiedad privada y como si con ello se redimiera las afecciones a aquellos jóvenes y familias mexicanas.

Ésta  fecha se ha convertido en ocasiones, las más burdas, en mero pretexto para generar caos y alterar el orden púbico. También se ha convertido en la justificación perfecta para que diversos grupos o movimientos políticos, sobre todo a través del sector juvenil, salgan a las calles a intentar “mostrar musculo” y por último, e infortunadamente las menos, en eventos para dignificar aquel loable movimiento.

Si no se olvida, que no termine

Sin más que recordar la fecha y la matanza de Tlatelolco, poco se hace para enaltecer y seguir defendiendo los principios que defendieron y buscaron los estudiantes con aquel movimiento poniendo en riesgo su libertad y su vida; si bien se ha avanzado en algunos aspectos de lo que todo el movimiento representa, aún sigue habiendo gobiernos que se muestran represores, violentos y coartadores de la libertad de expresión.


Es por eso que hoy, más allá de asistir a alguna marcha, representar o recordar el “2 de octubre no se olvida”, hoy los invito a que enaltecemos aquel movimiento de la mejor forma posible, continuar con aquella lucha que comenzaron nuestros padre y nuestros abuelos, defender los derechos humanos, la justicia, la libertad de expresión y por último y muy importante a involucrarnos en la vida política del país.