En días
como estos, a principios del mes de octubre, es común que a muchos estudiantes, jóvenes y militantes de izquierda nos dé por conmemorar
aquel acontecimiento que marcó muchas vidas, el movimiento estudiantil, en el que
se manchó de sangre el año de 1968, aquel 2 de octubre que hoy, como cada año,
dicen no se olvida.
Si bien
es cierto, que no se han olvidado todos aquellos atentados contra la integridad
y la dignidad humana, promovidos por el entonces gobierno represor y
autoritario encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, parece que poco a poco se ha ido
perdiendo el sentido de lo que esos impetuosos jóvenes defendían y abanderaban.
Mucho
se critica la violencia ejercida por el gobierno mexicano, y en ocasiones, con
los diversos “actos conmemorativos” caen
en este hecho mediante el vandalismo sintiéndose con el derecho de atentar la
propiedad privada y como si con ello se redimiera las afecciones a aquellos
jóvenes y familias mexicanas.
Ésta
fecha se ha convertido en ocasiones, las
más burdas, en mero pretexto para generar caos y alterar el orden púbico.
También se ha convertido en la justificación perfecta para que diversos grupos
o movimientos políticos, sobre todo a través del sector juvenil, salgan a las
calles a intentar “mostrar musculo” y
por último, e infortunadamente las menos, en eventos para dignificar aquel
loable movimiento.
Si no se olvida, que no termine…
Sin
más que recordar la fecha y la matanza de Tlatelolco, poco se hace para
enaltecer y seguir defendiendo los principios que defendieron y buscaron los
estudiantes con aquel movimiento poniendo en riesgo su libertad y su vida; si
bien se ha avanzado en algunos aspectos de lo que todo el movimiento
representa, aún sigue habiendo gobiernos que se muestran represores, violentos
y coartadores de la libertad de expresión.
Es
por eso que hoy, más allá de asistir a alguna marcha, representar o recordar el
“2 de octubre no se olvida”, hoy los invito a que enaltecemos aquel movimiento
de la mejor forma posible, continuar con aquella lucha que comenzaron nuestros
padre y nuestros abuelos, defender los derechos humanos, la justicia, la
libertad de expresión y por último y muy importante a involucrarnos en la vida
política del país.
